Es tierra, ya que la singularidad de los pequeños campos de los que está rodeado gozan de una riqueza única: caliza, licorilla, sablón, arcilla, los convierten en un paisaje insólito.
Es cuerpo, porque cosechar aceitunas forma parte de la tradición familiar de nuestros payeses.
Y es alma, porque la satisfacción que produce crear un aceite de esta calidad es increíble.